INTRODUCCIÓN: Casarse puede ser una decisión personal inherente a la intimidad de una pareja; sin embargo, dentro de las comunidades religiosas este proceso puede variar de acuerdo a las normas que cada grupo establezca como institución, para garantizar el buen funcionamiento y preservar la ideología. Si los enamorados no siguen el conducto regular que los denomina como cristianos de buen ejemplo, y se casan en desobediencia como le ocurrió a Jenny Patricia Otálvaro, su conducta es corregida para que otros no imiten tal comportamiento.
LOS MALOS EJEMPLOS SE CORRIGEN
El ruido de la máquina cosedora adecuando los trajes a la medida de sus modelos, la interferencia del secador que alisa los cabellos, el murmullo de las voces, la risa de los niños, sus pasos cortos y apresurados que evidencian el juego, el roce de las sillas con el piso, el taconeo apresurado de las mujeres y el sonido del timbre, decían que ese no era un domingo normal. Desde muy temprano en la mañana el salón de recepción contiguo al lugar de la celebración religiosa, se transformó en antesala donde se arreglarían tras bambalinas, los acompañantes del cortejo matrimonial en el que participarían los hijos de los novios.
El pasado mes de julio durante una celebración especial en una iglesia cristiana evangélica, cuatro parejas contrajeron nupcias. El cortejo se llevó a cabo de manera colectiva dada una característica común entre ellos, todos tenían hijos. La celebración de las bodas iniciaba a las nueve de la mañana. En una habitación de las instalaciones de la iglesia, cuatro mujeres, madres, cristianas, repasaban el corto discurso que las uniría a sus respectivos compañeros delante de Dios y de los invitados.
En apariencia menor que sus tres compañeras, Jeny Patricia Otálvaro era una de las mujeres que en un verso romántico y certero aceptaría a Pedro en unión conyugal hasta que la muerte los separe, mediante una ceremonia que pudo darse tres años antes si hubieran seguido los parámetros establecidos, por la doctrina cristiana que profesan.
Veintinueve años de edad y experiencia le permiten a esta mujer reflexionar sobre algunas situaciones vividas. "Yo no conocía el sufrimiento, comencé a sufrir cuando quedé en embarazo", también menciona que tenía diecisiete años cuando decidió irse a vivir con el padre de la criatura que alojaba en su vientre. Una semana fue suficiente para renunciar al deseo de vivir en unión libre con él; las diferencias surgieron por que ella no sabía hacer de comer ni lavar la ropa, y él la hacía quedar mal delante de la gente. Jenny regresó a vivir con sus padres.
Dedicada al trabajo y a su hija no ejercía una doctrina religiosa, por tradición asistía de vez en cuando a la iglesia católica, hasta que por curiosidad atendió la invitación de una prima a la iglesia cristiana evangélica, allí fue sorprendida por la alegría de las mujeres que sin conocerla le brindaron un trato amable y la acogieron. Han pasado ocho años desde que Jenny dice haber conocido a Dios. También conoció a Pedro Caro, un miembro de la comunidad cristiana quien un día la invitó a orar juntos con el propósito de casarse.
Este joven sintió la necesidad de casarse, oró a Dios por dicho motivo, habló con la mujer de su interés y le sugirió orar juntos para conocer la voluntad de Dios, ante la aceptación de ella, le contó al pastor; finalmente los involucrados oraron durante aproximadamente nueve meses buscando confirmación sobre el asunto. Cuando una pareja ora no es para noviazgo, es para matrimonio, porque una vez confirmada la voluntad de Dios los enamorados son presentados como novios al resto de la iglesia, a fin de anunciar el compromiso matrimonial.
Pedro y Jenny pensaron que no los iban a casar debido a que otras parejas fueron presentadas en menos tiempo, percibían el desacuerdo de muchos con la relación y planearon hacerlo sin la autorización del pastor. Se trasladaron al el municipio de Bello lugar donde vivían los padres de él y allí, después de gestionar las diligencias pertinentes se unieron en matrimonio civil, proceso que tardó una semana, tiempo durante el que los enamorados convivieron bajo el mismo techo pero no en el mismo lecho. De vuelta a Rionegro, el matrimonio habló con el pastor de la congregación para contarle su decisión y la respuesta fue la aplicación de una disciplina por dos años. "Nos casamos en desobediencia" argumenta Jenny. Lo que al parecer estaba mal era no esperar que el pastor los presentara y decidir por sí solos casarse.
Ella interpreta la disciplina a modo de escarmiento para no seguir dando mal ejemplo, corrección reflejada en no participar del ritual de la Santa Cena celebrada una vez al mes, ceremonia que pone de manifiesto la comunión con Dios y los hermanos; además, recoger la ofrenda, dirigir una oración o una canción durante las reuniones, son actividades negadas para los sometidos a dicha sanción.
La pareja aceptó la disciplina y la cumplió. Su punto de vista humano les llevó a saltar un paso en las normas de la iglesia e irse a buscar tentaciones, se casaron por lo civil y retrasaron la segunda parte del proceso, casarse por la iglesia cristiana. De la unión de Jenny Patricia y Pedro nació Isaac, quien al lado de su hermana mayor, Luz Yesenia Melo Otálvaro, presenció el matrimonio de sus padres por la iglesia cristiana evangélica en la mañana de un domingo del pasado mes de Julio.