viernes, 20 de noviembre de 2009

"POR FIN RENUNCIÉ"

Él no se siente triste de haber perdido el empleo "al contrario está feliz", afirma su esposa Ruby Mesa. Sentada en una silla con los brazos y los pies cruzados una sonrisa constante le ilumina el rostro, gesto que a veces termina en risotada mientras habla de la situación que vive y que fue provocada por decisión de su compañero. Él quiere laborar en una empresa donde no tenga que trabajar los sábados.
Ruby tiene dos hijos, el menor es fruto de su relación actual. Después de vivir en unión libre por un tiempo esta joven pareja decidió casarse por lo civil. La boda por la iglesia no se ha realizado debido a limitaciones económicas pero esto no les ha impedido continuar su relación conyugal, tampoco las diferencias filosóficas de vida coartan la armonía del hogar.
Hace cinco años ambos empezaron a asistir a una iglesia cristiana evangélica de la que ella es miembro hasta hoy; sin embargo, desde hace un año las ideologías religiosas de su esposo cambiaron, la doctrina adventista conquistó el corazón de este hombre hambriento de encontrar una verdad. Al parecer, guardar el día sábado es un mandamiento que se debe cumplir siguiendo los parámetros bíblicos, fundamento que no siguen los cristianos trinitarios de la Iglesia Movimiento Misionero Mundial a la que él asistía, motivo que lo llevó a una congregación Adventista del séptimo día.
La creencia de guardar el día de reposo está cimentada en la historia bíblica narrada en el libro de Éxodo que menciona: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 1"


1. De Reina, Casiodoro. La santa Biblia antiguo y nuevo testamento. Corea: Sociedades Bíblicas Unidas, 1986. p.76. Apartado bíblico escrito en el libro de Éxodo capítulo 20 versículos 8 al 11.
En la actualidad guardar el día sábado para Dios significa, según las palabras de Abel Darío Araque pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo día, dejar las actividades ordinarias y recogerse a nivel familiar, también afirma que "Dios reposó el día sábado, pudo ser cualquier otro día". Considera que no se guardan los mandamientos por dogmatismo sino por que la santa ley de Dios lo observa de acuerdo a lo escrito en Éxodo 31:18; además, piensa que los diez mandamientos todavía están vigentes, son normas morales especiales para el ser humano, "son el resumen del carácter de Dios, Dios es amor, por tanto no impone nada, quien quiere voluntariamente lo asume".
La iglesia ofrece varios espacios de reunión para sus miembros. El viernes a las seis de la tarde con una celebración en el lugar de reuniones comienza para ellos al día de reposo; al día siguiente desde las ocho de la mañana hasta las doce del día se hace otra reunión, y de cinco a seis de la tarde los jóvenes tienen un espacio para compartir en la iglesia. En el transcurso de la tarde algunos miembros de la congregación dedican tiempo a visitar enfermos o presos, entre otras actividades de la obra misionera. Es costumbre hacer una ceremonia el sábado en la noche en gratitud a Dios.
Veinticuatro horas transcurridas entre la tarde del viernes y la del sábado comprenden al día de reposo, día dedicado a Dios y a la familia. El domingo o primer día de la semana los seguidores de esta doctrina se incorporan nuevamente a las actividades cotidianas, "sin olvidar que todos los días son buenos", expresa el líder religioso.
Ir al parque con los niños y ver televisión complementan la reunión matutina del esposo de Ruby los días sábado; de acuerdo a las actividades de éste, ella entiende que para los adventistas guardar el sábado es descansar. Si en realidad guardaran el sábado para Dios no sólo dejarían de hacer tareas como trabajar, sino que estarían en ayuno y oración todo el día, afirma también, "ni ellos ni nosotros guardamos los diez mandamientos (…) el señor Jesucristo es nuestro reposo, reposamos en Dios".
Las diferencias en la interpretación de conceptos varían en ambas doctrinas finalmente regidas por el mismo libro sagrado llamado Santa Biblia Universal, oposiciones que en este hogar se respetan. La molestia de laborar los sábados no era oculta a las percepciones de esta mujer, pues en varios diálogos ella le sugirió a su esposo pedirle a Dios un empleo donde descansara los sábados y tan pronto lo consiguiera, sería el momento adecuado para renunciar a la empresa en la que laboraba desde hacía un año; la sorpresa llegó cuando un alegre entusiasmo en tono de satisfacción acompañó la expresión: "ay, por fin renuncié". El comentario no era de agrado para ella, pues considera que él se apresuró y debió esperar en Dios una respuesta a su necesidad.
Como operario de máquina en Sancela él no aguantó más, ahora es otro desempleado. Además de sus ocupaciones sabatinas él dedica el resto de la semana a sus estudios de Tecnología en Electromecánica en el Sena, con la esperanza de que al terminar pueda ser contratado en una oficina y como es costumbre, quienes ocupan cargos administrativos en las empresas laboran de lunes a viernes. Mientras pasan los seis meses restantes de su técnica y consigue el empleo apropiado, su esposa es la encargada de sostener el hogar económicamente.
Antes de ser cristiana evangélica Ruby hizo una técnica en Mesa y Bar, pero no se ha desempeñado como Barman porque no le gusta servir licor "Dios sabe para que lo tiene a uno (…) perdí ese tiempo estudiando", dice con certeza. Entre revistas y clientes, esta mujer hace de las ventas por catálogo su fuente de ingresos desde tiempo atrás, pues siempre ha compartido la responsabilidad económica con su esposo y se considera una mujer trabajadora.
Pese a las diferencias religiosas ella sabe en lo que ha creído, de igual modo respeta la doctrina que sigue su esposo y espera que Dios le muestre el verdadero camino. No duda que si asistieran a la misma iglesia estarían más unidos al compartir estos espacios; sin embargo, dicha situación no ha sido tropiezo en la convivencia matrimonial. En su reflexión, la salvación del ser humano está en la obediencia a la Biblia, no en pertenecer a una iglesia, "Dios juzgará" es una sus conclusiones. Ruby define el ser cristiano como seguir el camino de cristo, hacer la voluntad de él, tratar de seguir su palabra (La Biblia) aunque hay tantas interpretaciones de ésta.

lunes, 19 de octubre de 2009

LOS MALOS EJEMPLOS SE CORRIGEN

INTRODUCCIÓN: Casarse puede ser una decisión personal inherente a la intimidad de una pareja; sin embargo, dentro de las comunidades religiosas este proceso puede variar de acuerdo a las normas que cada grupo establezca como institución, para garantizar el buen funcionamiento y preservar la ideología. Si los enamorados no siguen el conducto regular que los denomina como cristianos de buen ejemplo, y se casan en desobediencia como le ocurrió a Jenny Patricia Otálvaro, su conducta es corregida para que otros no imiten tal comportamiento.

LOS MALOS EJEMPLOS SE CORRIGEN

El ruido de la máquina cosedora adecuando los trajes a la medida de sus modelos, la interferencia del secador que alisa los cabellos, el murmullo de las voces, la risa de los niños, sus pasos cortos y apresurados que evidencian el juego, el roce de las sillas con el piso, el taconeo apresurado de las mujeres y el sonido del timbre, decían que ese no era un domingo normal. Desde muy temprano en la mañana el salón de recepción contiguo al lugar de la celebración religiosa, se transformó en antesala donde se arreglarían tras bambalinas, los acompañantes del cortejo matrimonial en el que participarían los hijos de los novios.

El pasado mes de julio durante una celebración especial en una iglesia cristiana evangélica, cuatro parejas contrajeron nupcias. El cortejo se llevó a cabo de manera colectiva dada una característica común entre ellos, todos tenían hijos. La celebración de las bodas iniciaba a las nueve de la mañana. En una habitación de las instalaciones de la iglesia, cuatro mujeres, madres, cristianas, repasaban el corto discurso que las uniría a sus respectivos compañeros delante de Dios y de los invitados.

En apariencia menor que sus tres compañeras, Jeny Patricia Otálvaro era una de las mujeres que en un verso romántico y certero aceptaría a Pedro en unión conyugal hasta que la muerte los separe, mediante una ceremonia que pudo darse tres años antes si hubieran seguido los parámetros establecidos, por la doctrina cristiana que profesan.

Veintinueve años de edad y experiencia le permiten a esta mujer reflexionar sobre algunas situaciones vividas. "Yo no conocía el sufrimiento, comencé a sufrir cuando quedé en embarazo", también menciona que tenía diecisiete años cuando decidió irse a vivir con el padre de la criatura que alojaba en su vientre. Una semana fue suficiente para renunciar al deseo de vivir en unión libre con él; las diferencias surgieron por que ella no sabía hacer de comer ni lavar la ropa, y él la hacía quedar mal delante de la gente. Jenny regresó a vivir con sus padres.

Dedicada al trabajo y a su hija no ejercía una doctrina religiosa, por tradición asistía de vez en cuando a la iglesia católica, hasta que por curiosidad atendió la invitación de una prima a la iglesia cristiana evangélica, allí fue sorprendida por la alegría de las mujeres que sin conocerla le brindaron un trato amable y la acogieron. Han pasado ocho años desde que Jenny dice haber conocido a Dios. También conoció a Pedro Caro, un miembro de la comunidad cristiana quien un día la invitó a orar juntos con el propósito de casarse.

Este joven sintió la necesidad de casarse, oró a Dios por dicho motivo, habló con la mujer de su interés y le sugirió orar juntos para conocer la voluntad de Dios, ante la aceptación de ella, le contó al pastor; finalmente los involucrados oraron durante aproximadamente nueve meses buscando confirmación sobre el asunto. Cuando una pareja ora no es para noviazgo, es para matrimonio, porque una vez confirmada la voluntad de Dios los enamorados son presentados como novios al resto de la iglesia, a fin de anunciar el compromiso matrimonial.

Pedro y Jenny pensaron que no los iban a casar debido a que otras parejas fueron presentadas en menos tiempo, percibían el desacuerdo de muchos con la relación y planearon hacerlo sin la autorización del pastor. Se trasladaron al el municipio de Bello lugar donde vivían los padres de él y allí, después de gestionar las diligencias pertinentes se unieron en matrimonio civil, proceso que tardó una semana, tiempo durante el que los enamorados convivieron bajo el mismo techo pero no en el mismo lecho. De vuelta a Rionegro, el matrimonio habló con el pastor de la congregación para contarle su decisión y la respuesta fue la aplicación de una disciplina por dos años. "Nos casamos en desobediencia" argumenta Jenny. Lo que al parecer estaba mal era no esperar que el pastor los presentara y decidir por sí solos casarse.

Ella interpreta la disciplina a modo de escarmiento para no seguir dando mal ejemplo, corrección reflejada en no participar del ritual de la Santa Cena celebrada una vez al mes, ceremonia que pone de manifiesto la comunión con Dios y los hermanos; además, recoger la ofrenda, dirigir una oración o una canción durante las reuniones, son actividades negadas para los sometidos a dicha sanción.

La pareja aceptó la disciplina y la cumplió. Su punto de vista humano les llevó a saltar un paso en las normas de la iglesia e irse a buscar tentaciones, se casaron por lo civil y retrasaron la segunda parte del proceso, casarse por la iglesia cristiana. De la unión de Jenny Patricia y Pedro nació Isaac, quien al lado de su hermana mayor, Luz Yesenia Melo Otálvaro, presenció el matrimonio de sus padres por la iglesia cristiana evangélica en la mañana de un domingo del pasado mes de Julio.

jueves, 17 de septiembre de 2009

DECISIONES

A sus 15 años Ana tongoneaba su cuerpo sobre zapatos de tacón provocando lujuria en muchos hombres y envidia en las mujeres. Sus formas voluptuosas y su caminar imponente no le dejaban pasar desapercibida. Ella soñaba casarse con un hombre adinerado que la sacara de la pobreza en que había crecido y le ayudara a ser menos ignorante. Confiaba en que su belleza atraería a un hombre conveniente del que se pudiera enamorar.

En pocos años disfrutó las experiencias soñadas y también evidenció que un hijo podía cambiarle el estilo de vida. Como madre sola decidió emprender un nuevo camino, al lado de un hombre que les brindó compañía y amor bajo condiciones de escasos recursos, en cierta medida, volvió a la realidad de la que huyó en su adolescencia; la diferencia es que ya no vive en la ciudad sino en una zona rural de un municipio del Oriente antioqueño, donde su compañero trabaja como mayordomo de una finca.

Cuando Ana se levanta Antonio ya ha ordeñado las dos vacas de los patrones que no viven en la finca, sólo la tienen para veranear. El sonido que produce el balde plástico lleno de leche puesto por su compañero sobre el mesón de la cocina, es el despertador de ella. De lo que den las vacas, dos litros se reservan para el consumo en el hogar y el resto se vende a la lechería que pasa a recoger el producto todas las mañanas, el dinero recaudado se invierte en el mantenimiento físico de las reses y los caballos como son alimento o medicamentos.



Dos caballos también son parte del capital de los dueños y debido a su plan de ahorro, le han propuesto al mayordomo combinar el abastecimiento de los equinos con pasto y concentrado. Esta labor requiere del almacenamiento de pasto y un proceso de picado en un motor especial, pero la primera comida del día es concentrado. Mientras él da alimento a las vacas, a los caballos, a las gallinas, a los conejos y a los perros, su mujer despierta a la hija menor, fruto del amor entre ellos, le prepara el desayuno y la media mañana que lleva al colegio público donde estudia a aproximadamente 3 kilómetros de distancia.

Una parte del día de esta ama de casa transcurre entre arreglar ropa, tener la casa aseada y en orden, preparar alimentos y acompañar a su hija en la elaboración de tareas académicas. Otra parte está relacionada con labores del mantenimiento de la finca o trabajos como empleada doméstica durante algunos días de la semana en fincas aledañas.

Tener limpios los lugares cercanos a la casa principal es una función del mayordomo, él barre con un rastrillo las hojas de los árboles que cayeron durante el día y la noche anterior, las amontona y las tira junto a los árboles de bambú que están sembrados en la parte trasera de la casa, en otros casos las hojas secas se queman con la basura. Cortar pasto para los animales es otro quehacer que le demanda bastante tiempo, para esto se desplaza por los potreros del la finca previamente sembrados de pasto donde lo corta, lo ata por pilas y lo lleva al hombro hasta el molino cerca de la casa pues no puede utilizar las bestias para cargar, éstas sólo son montadas por sus dueños aunque no son equinos de paso fino. Allí queda listo para picar y servir las raciones dos veces al día.

Los potreros que no están sembrados de pasto deben permanecer libres de maleza, por eso el machete y la guadaña se convierten en preciadas herramientas de trabajo. Los alambrados que algunas veces son dañados por gente que pasa a campar o por las bestias, no pueden estar cortados. Si es temporada se sembrar pasto el azadón y la pica son los indicados. El jardín necesita ser regado cada mañana y podado de vez en cuando. Si los caballos fueron montados el fin de semana, deben ser bañados el lunes siguiente; sin olvidar que las herraduras deben estar bien puestas.

En la paz de su hogar, Ana distribuye el tiempo de tal manera que pueda ayudar a su compañero en algunas funciones como alimentar a los animales o regar el jardín. En ocasiones siembra matas de caléndula y las vende a una tienda naturista, ella se encarga de comprar las semillas, abonar el terreno y cuidar el sembrado hasta que es el tiempo de la siega. Engordar pollos es otro negocio que le ha dado buen resultado pero, es una tarea de paciencia porque durante el crecimiento algunos pichones mueren y la limpieza diaria del galpón es engorrosa para ella.

La sencillez del entorno que Ana eligió para vivir está lejos de lo que anheló en su adolescencia y experimentó por poco tiempo. Los dos kilómetros de carretera destapada que debe transitar en cada salida a la zona urbana la hicieron olvidar de los tacones. La juventud pasó y sus decisiones le han dado experiencias bajo otro modo de vida.

EL HOMBRE PROPONE Y DIOS DISPONE

Ellos saben que deben dar el primer paso de acuerdo a los principios instaurados en la comunidad cristiana. Ellas esperan pacientemente que un hombre les confiese su amor abnegado que ha permanecido en reserva. Ambos quieren agradar a un Dios y mediante oraciones piden su orientación para elegir al futuro consorte. Las interacciones entre hombres y mujeres en la doctrina que profesan Jaime y Lidia, siguen los parámetros bíblicos de la época en que el apóstol Pablo en su carta a los Efesios hablando de la sujeción decía: "Someteos unos a otros en el temor de Dios. (…) como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén sujetas a sus maridos en todo1.

Sin dios y sin ley deambulaba Jaime por el mundo o mejor, con el mundo en la cabeza. Era un joven emprendedor e impulsivo que disfrutaba cada día como si fuera el último pues al final de cuentas, él no sabía cuando terminaría su existencia; dado el caso estaría satisfecho por lo vivido. Entre sus sueños estaba formar un hogar con la mujer que amaba y tener hijos pero, primero tuvo una hija y de la madre de ésta poco sabe, en casi veinte años hablan de aspectos económicos respecto al único ser que los une. Desde hace siete años que es cristiano evangélico, este hombre volvió a soñar con casarse.

Lidia vivió en castidad desde su niñez y de manera diferente a la de Jaime, quien es miembro de su congregación. Con una ansiedad disfrazada de indiferencia esta cristiana esperaba el día en que un hombre elegido por Dios para ella llegara a su vida y, estar juntos hasta que la muerte los apartara. El fruto de ese amor no se vería reflejado en hijos debido a una complicación física, lo que limitaba sus posibilidades de encontrar pareja; aunque esta mujer prefería quedarse soltera toda la vida antes que amarrarse a un hombre.

1. De Reina, Casiodoro. La Santa Biblia. "Efesios 5:22-24". Corea. Sociedades Bíblicas Unidas. 1994. P. 1085
El día que Lidia escuchó la confesión de Jaime, quién abrió su corazón para manifestar el enamoramiento que padecía desde varios meses atrás, dudó que ese fuera el hombre indicado para ella a causa de que poco se ajustaba a su tipo ideal y como en otras ocasiones su respuesta al enamorado fue parca. Para esta mujer no era suficiente que un hombre al sentir atracción por ella le pidiera a Dios el favor de tenerla -si fuera esa la voluntad del altísimo- y que además, hablara con el líder de la comunidad para recibir orientación, esta práctica es requisito en el proceso de consolidación de las relaciones pre-matrimoniales debido a la seriedad con que se asumen dichos compromisos. En esta iglesia cristiana evangélica quien se compromete en noviazgo, debe tener claro que éste es el antecedente de un evento mayor como el matrimonio.

Después de tres meses de constante oración pidiendo a Dios que confirmara su voluntad, Lidia empezó a experimentar un sentimiento extraño hacia Jaime y lo tomó como confirmación, entre otras razones, de que ése era el hombre que había esperado toda su vida. Así, correspondió al amor de un hombre que esperó su respuesta.

Un domingo durante la reunión principal de la congregación, se escuchó al líder decir: "El hermano Jaime y la hermana Lidia han estado orando al señor desde hace tres meses aproximadamente buscando la dirección de Dios para contraer matrimonio. A partir de este momento ellos pueden salir a sitios públicos en compañía de un hermano o hermana de la iglesia de buen testimonio. Si el hermano Jaime quiere visitar un domingo en la tarde a la hermana Lidia, ya lo puede hacer siempre y cuando haya alguien acompañándolos para evitar malos comentarios."

Lidia y Jaime llevan siete meses de casados, al parecer por una voluntad divina. Él cumplió el sueño de formar un hogar con la mujer que ama. Ella piensa que valió la pena esperar al hombre indicado en pureza y castidad, no le importa haber perdido la virginidad a los 37 años. Ambos creen que Dios es el centro de sus vidas y que antes de dar rienda suelta a sus deseos carnales deben obedecerle.