A sus 15 años Ana tongoneaba su cuerpo sobre zapatos de tacón provocando lujuria en muchos hombres y envidia en las mujeres. Sus formas voluptuosas y su caminar imponente no le dejaban pasar desapercibida. Ella soñaba casarse con un hombre adinerado que la sacara de la pobreza en que había crecido y le ayudara a ser menos ignorante. Confiaba en que su belleza atraería a un hombre conveniente del que se pudiera enamorar.
En pocos años disfrutó las experiencias soñadas y también evidenció que un hijo podía cambiarle el estilo de vida. Como madre sola decidió emprender un nuevo camino, al lado de un hombre que les brindó compañía y amor bajo condiciones de escasos recursos, en cierta medida, volvió a la realidad de la que huyó en su adolescencia; la diferencia es que ya no vive en la ciudad sino en una zona rural de un municipio del Oriente antioqueño, donde su compañero trabaja como mayordomo de una finca.
Cuando Ana se levanta Antonio ya ha ordeñado las dos vacas de los patrones que no viven en la finca, sólo la tienen para veranear. El sonido que produce el balde plástico lleno de leche puesto por su compañero sobre el mesón de la cocina, es el despertador de ella. De lo que den las vacas, dos litros se reservan para el consumo en el hogar y el resto se vende a la lechería que pasa a recoger el producto todas las mañanas, el dinero recaudado se invierte en el mantenimiento físico de las reses y los caballos como son alimento o medicamentos.
Dos caballos también son parte del capital de los dueños y debido a su plan de ahorro, le han propuesto al mayordomo combinar el abastecimiento de los equinos con pasto y concentrado. Esta labor requiere del almacenamiento de pasto y un proceso de picado en un motor especial, pero la primera comida del día es concentrado. Mientras él da alimento a las vacas, a los caballos, a las gallinas, a los conejos y a los perros, su mujer despierta a la hija menor, fruto del amor entre ellos, le prepara el desayuno y la media mañana que lleva al colegio público donde estudia a aproximadamente 3 kilómetros de distancia.
Una parte del día de esta ama de casa transcurre entre arreglar ropa, tener la casa aseada y en orden, preparar alimentos y acompañar a su hija en la elaboración de tareas académicas. Otra parte está relacionada con labores del mantenimiento de la finca o trabajos como empleada doméstica durante algunos días de la semana en fincas aledañas.
Tener limpios los lugares cercanos a la casa principal es una función del mayordomo, él barre con un rastrillo las hojas de los árboles que cayeron durante el día y la noche anterior, las amontona y las tira junto a los árboles de bambú que están sembrados en la parte trasera de la casa, en otros casos las hojas secas se queman con la basura. Cortar pasto para los animales es otro quehacer que le demanda bastante tiempo, para esto se desplaza por los potreros del la finca previamente sembrados de pasto donde lo corta, lo ata por pilas y lo lleva al hombro hasta el molino cerca de la casa pues no puede utilizar las bestias para cargar, éstas sólo son montadas por sus dueños aunque no son equinos de paso fino. Allí queda listo para picar y servir las raciones dos veces al día.
Los potreros que no están sembrados de pasto deben permanecer libres de maleza, por eso el machete y la guadaña se convierten en preciadas herramientas de trabajo. Los alambrados que algunas veces son dañados por gente que pasa a campar o por las bestias, no pueden estar cortados. Si es temporada se sembrar pasto el azadón y la pica son los indicados. El jardín necesita ser regado cada mañana y podado de vez en cuando. Si los caballos fueron montados el fin de semana, deben ser bañados el lunes siguiente; sin olvidar que las herraduras deben estar bien puestas.
En la paz de su hogar, Ana distribuye el tiempo de tal manera que pueda ayudar a su compañero en algunas funciones como alimentar a los animales o regar el jardín. En ocasiones siembra matas de caléndula y las vende a una tienda naturista, ella se encarga de comprar las semillas, abonar el terreno y cuidar el sembrado hasta que es el tiempo de la siega. Engordar pollos es otro negocio que le ha dado buen resultado pero, es una tarea de paciencia porque durante el crecimiento algunos pichones mueren y la limpieza diaria del galpón es engorrosa para ella.
La sencillez del entorno que Ana eligió para vivir está lejos de lo que anheló en su adolescencia y experimentó por poco tiempo. Los dos kilómetros de carretera destapada que debe transitar en cada salida a la zona urbana la hicieron olvidar de los tacones. La juventud pasó y sus decisiones le han dado experiencias bajo otro modo de vida.
jueves, 17 de septiembre de 2009
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