Ellos saben que deben dar el primer paso de acuerdo a los principios instaurados en la comunidad cristiana. Ellas esperan pacientemente que un hombre les confiese su amor abnegado que ha permanecido en reserva. Ambos quieren agradar a un Dios y mediante oraciones piden su orientación para elegir al futuro consorte. Las interacciones entre hombres y mujeres en la doctrina que profesan Jaime y Lidia, siguen los parámetros bíblicos de la época en que el apóstol Pablo en su carta a los Efesios hablando de la sujeción decía: "Someteos unos a otros en el temor de Dios. (…) como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén sujetas a sus maridos en todo1.
Sin dios y sin ley deambulaba Jaime por el mundo o mejor, con el mundo en la cabeza. Era un joven emprendedor e impulsivo que disfrutaba cada día como si fuera el último pues al final de cuentas, él no sabía cuando terminaría su existencia; dado el caso estaría satisfecho por lo vivido. Entre sus sueños estaba formar un hogar con la mujer que amaba y tener hijos pero, primero tuvo una hija y de la madre de ésta poco sabe, en casi veinte años hablan de aspectos económicos respecto al único ser que los une. Desde hace siete años que es cristiano evangélico, este hombre volvió a soñar con casarse.
Lidia vivió en castidad desde su niñez y de manera diferente a la de Jaime, quien es miembro de su congregación. Con una ansiedad disfrazada de indiferencia esta cristiana esperaba el día en que un hombre elegido por Dios para ella llegara a su vida y, estar juntos hasta que la muerte los apartara. El fruto de ese amor no se vería reflejado en hijos debido a una complicación física, lo que limitaba sus posibilidades de encontrar pareja; aunque esta mujer prefería quedarse soltera toda la vida antes que amarrarse a un hombre.
1. De Reina, Casiodoro. La Santa Biblia. "Efesios 5:22-24". Corea. Sociedades Bíblicas Unidas. 1994. P. 1085
El día que Lidia escuchó la confesión de Jaime, quién abrió su corazón para manifestar el enamoramiento que padecía desde varios meses atrás, dudó que ese fuera el hombre indicado para ella a causa de que poco se ajustaba a su tipo ideal y como en otras ocasiones su respuesta al enamorado fue parca. Para esta mujer no era suficiente que un hombre al sentir atracción por ella le pidiera a Dios el favor de tenerla -si fuera esa la voluntad del altísimo- y que además, hablara con el líder de la comunidad para recibir orientación, esta práctica es requisito en el proceso de consolidación de las relaciones pre-matrimoniales debido a la seriedad con que se asumen dichos compromisos. En esta iglesia cristiana evangélica quien se compromete en noviazgo, debe tener claro que éste es el antecedente de un evento mayor como el matrimonio.
Después de tres meses de constante oración pidiendo a Dios que confirmara su voluntad, Lidia empezó a experimentar un sentimiento extraño hacia Jaime y lo tomó como confirmación, entre otras razones, de que ése era el hombre que había esperado toda su vida. Así, correspondió al amor de un hombre que esperó su respuesta.
Un domingo durante la reunión principal de la congregación, se escuchó al líder decir: "El hermano Jaime y la hermana Lidia han estado orando al señor desde hace tres meses aproximadamente buscando la dirección de Dios para contraer matrimonio. A partir de este momento ellos pueden salir a sitios públicos en compañía de un hermano o hermana de la iglesia de buen testimonio. Si el hermano Jaime quiere visitar un domingo en la tarde a la hermana Lidia, ya lo puede hacer siempre y cuando haya alguien acompañándolos para evitar malos comentarios."
Lidia y Jaime llevan siete meses de casados, al parecer por una voluntad divina. Él cumplió el sueño de formar un hogar con la mujer que ama. Ella piensa que valió la pena esperar al hombre indicado en pureza y castidad, no le importa haber perdido la virginidad a los 37 años. Ambos creen que Dios es el centro de sus vidas y que antes de dar rienda suelta a sus deseos carnales deben obedecerle.
jueves, 17 de septiembre de 2009
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